Relato real

gotaVivo en A Pedra, una aldea que pertenece a Cariño. Mi casa no está en una calle sino en un lugar. Es curioso y tranquilizador: así mi casa puede estar en cualquier lugar al que vaya.

Detrás de la casa hay un terrenito con una caseta para las cosas de la calefacción. Por las mañanas un gato rubio se sube al tejado de uralita a practicar las piezas de su banda de batucada.

Hace unos días encontramos una cigarra verde como la hierba y marrón como la tierra. Estaba medio dormida y tan tranquilita que nos dejó cogerla y observarla al sol entre bostezos.

En los cables de la luz se posan codornices, palomas, cuervos y gorriones. Una noche, como tenía la luz de la cocina encendida, una lechuza blanca y joven vino a curiosear: se posó en el cable, justo en frente de mí, y se quedó mirándome. Claro, la nueva soy yo.

Al final del terreno hay una carretera y más allá un prado. En el prado viven tres vacas. Una de ellas se debe aburrir bastante porque se rasca a menudo la cabeza con un poste de la luz y después lo cornea mientras as otras dos la miran. ¿Qué hará el día que lo tumbe?

A la izquierda del prado hay una casa que alguien, con mucha delicadeza, decidió colocar a un lado para no taparnos las vistas al monte. Junto a la casa hay un gallinero con un gallo experto que nos despierta a eso de las 6 y otro en prácticas que sólo hace ki-ka respondiendo al primero. Deben estar contentos porque, por las tardes, el principiante ki-ka y las gallinas se ríen a coro.

cuervoEntre los cuervos hay uno que debe ser el informador. Reúne a toda la bandada y se posan sobre la casa de la izquierda, con el pico hacia arriba grazna Gururururururu… y baja la cabeza. Los demás le prestan mucha atención, asienten, dan saltos, vuelan un poco en círculo y vuelven a escuchar más noticias.

Hay muchos petirrojos en este lugar, algunos son perezosos y se desplazan a saltitos picoteando aquí y allá aunque haya personas a su alrededor. Puedes estar a medio metro de ellos mirándoles a los ojos, parece que sonríen con la mirada. Están a gusto.

Este lugar es tan peculiar que cuando vine traía una planta de menta tan pachucha que se estropeó entera y se quedó en raíz, la puse en una maceta junto a la ventana que da al terreno, al prado de delante y al monte, le dije –¡Mira!- y ahora hay 14 brotes felices cotilleando entusiasmados las 24 horas.

Disfruto mirando con otros ojos.

3 comentarios en “Relato real

  1. Pero bueno!! Que bonito!! Es cierto q es un post totalmente distinto…. Transmite paz y se nota que estas disfrutando mientras descubres a tantos y tan peculiares vecinos !! Y yo q me alegro 😀

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